domingo, 27 de julio de 2014

Casi somos viento

Me embriagué en tus ojos y luego la náusea; comprendí que el abismo era profundo. Hay una o dos palabras que me gustaría decirte, pero creo que son palabras de viento y sólo se hablan cuando se es viento. Carne y hueso. Sufro en tus brazos, me seducen las largas horas que mueren en caricias; la clandestinidad del tiempo nunca fue tan sublime, tan real como un sueño, tan surrealista como estos versos. Mi sueño descansa en esas palabras que dibujan el espacio con su esencia de pájaro (casi somos viento). 
Ese día sentí abrirse el mundo en mi espalda, tu mano, un gesto fugaz, la premonición, la angustia, como si desde ese momento ya supiese lo perdida que me iba a encontrar. 

miércoles, 25 de junio de 2014

Parto eterno II

El día transcurría,
                                me transcurría. 
En mi cuerpo las marcas
de 
    lo 
       que 
              iba
                     sucediendo

                                     ¿Y si yo ya no quería suceder más?
                                     ¿Y si no me quería dejar llevar más por el oleaje?

Nadar, 
nadar sobre el fuego.
El fuego interno ahoga tus hojas de viento, 
                                                              tristeza.
El instante es inmóvil,
el tiempo no sucede,
el tiempo nada entre las pupilas.

Me detengo en la inmovilidad,
la asumo
la respiro,
y ya no me ahogo,
sólo me pierdo.

Los caminos nunca se abrieron, o cerraron,
sólo mis ojos.
Contemplo como me vapulea el alma....

Perdón, no te quiero tener,
no me gusta ese verbo.
Te regalo,
                te vendo, 
                               te devuelvo.
Conmigo no te quedas más,
me haces sentir demasiado.

                                         (sentir sin comprender desgarra)

Alma mía,
te libero:
Ve hacia donde más quieras,
pero no vuelvas.

Parto eterno

Me encontré invadida por algo tan externo y tan arraigado a mi, con peso de espectro. ¿Qué hacer cuándo las calles cambian pero los caminos son siempre los mismos? La  desesperación anida en el vientre y crece, pasan los días, las horas, los minutos, los segundos, hasta que la mínima expresión del tiempo es un martirio eterno. El parto no llega, nunca, estás condenada a cargar ese monstruo, siempre. 

jueves, 24 de abril de 2014

Lo que pasa cuando tomamos un café

Un duelo interno,
un llanto circular
en la ausencia misma del mar

a la deriva un barco
escapando de la gruesa tiniebla
que lo tambalea a ciegas

un párpado cerrado
velo de la
transformación

La muerte sucede,
las hojas se vuelcan sobre si mismas esperando ser escritas.

jueves, 17 de abril de 2014

La marioneta

"Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo. 

Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz. 

Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate. 

Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, 
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. 
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol. 

Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna. 

Regaría con lágrimas las rosas, 
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalo...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... 

No dejaría pasar un solo día 
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos 
y viviría enamorado del amor. 

A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. 

A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada. 

He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre. 

He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo."



Gabriel García Márquez





sábado, 8 de marzo de 2014

Transeúntes nocturnos

La luz sólo es necesaria para ver si lo único que se tiene son los ojos. El fulgor interno amanece en la oscuridad y navega en las costas grisáceas que imitan la rabia. Se extiende inmensa en un manto de búsqueda implacable para los transeúntes nocturnos. El vacío nos seduce a soltarnos en el abismo sin que nos consuma la ruptura, tras la caída sólo queda la cicatriz que un supuesto fin nos amalgama. A veces, tímidamente se asoma la confesión de que no existe ningún límite; confesión que nos ata en el delirio, miedo de ser lo todo lo que fuimos y todo lo que podríamos haber sido. Un hombre definido en el defecto del tiempo, la ilusión que confunde la mente como eterno. La luz sólo es necesaria para ver si lo único que se tiene son los ojos