sábado, 2 de marzo de 2013

"Las voces" de Lucio Yudicello

"(...)Hay imágenes que se fijan en la memoria de manera indeleble. ¿Por qué, para qué? Inés resbalando vertiginosa por el tobogán-ahora herrumbrado e inútil, tan inútil como todo o demás-: su cabecita redonda con el pelo partido en el medio, la risa contagiosa y las dos colitas a los costados flameando como orejas de burro. La risa, sobre todo la risa, que continúa sonando en alguna parta de mi alma. Otra secuencia; su pequeño cuerpo recorrido por hormigas negras , enormes, horrorosa cosecha de un juego a las escondidas. Sergio la buscaba laboriosamente y de pronto se oyeron sus gritos, su desesperación y su terror. Como si hubiera visto el perfil tenebroso de la vida, las formas sinuosas de la pesadilla; formas que se ensancharon por la noche, llevándola a un pánico del que no podía salir. Así la recuerdo ahora: temblando en mis brazos; los ojos fijos en un punto cualquiera de la habitación; la carita desfigurada por el miedo: correlas, papi, correlas, papi. Y mi propia desesperación por serenarla; mi propia desesperación porque los fantasmas no se corren, los fantasmas son apenas el espejo oculto de las cosas, esos gusanos que también habitan la región de los deseos y las intenciones, esas larvas que van trabajando nuestra disolución; son las larvas que vos quisiste matar a punta de pistola(...)"


miércoles, 27 de febrero de 2013

El mundo está enfermo
vomita jinetes erráticos
me arrastran por los huesos incendiados al sueño de la locura.
Qué hacer con la vida
si la muerte se insinúa cada instante,
bailarinas no nacidas
danzan deformes cubiertas de sangre
abominables entre la niebla de la luna.
Hirviendo los lagos asfixian mis venas
sed de existencia sin saciar
me reclaman los relojes violados por la noche
rabiosa gitana embarazada.
Vientre materno
eterna vida inconsciente
pero la entraña ya no late
y mi alma ya no vuela.

domingo, 24 de febrero de 2013

El propósito del tiempo

Flor desvelada por la escarcha
la incógnita la cubre
¿Cuál es el propósito del tiempo?
La noche es pasaje hacia el día
y el tren
velo de la llamada
lejana melodía
lleva a quien se anime a desviar camino
o es el viento que asalta al sueño
pero no invita. Persiana que no sirve
todo abandona
incontinencia de vida
fugaz como el destino
no soporto la lentitud
la miel frutal y el mar arbolado
¿Cuál es el propósito del tiempo?
El hallazgo del misterio
fruición de la eternidad
tan fuerte es la palabra siempre
el idioma de las rocas
tus manos intentan hablar
o romper
pero todo es poder
o todo es luz blanca
que se encierra
tras tus párpados
la vida se ilumina
tras la muerte.

martes, 19 de febrero de 2013

Parto de papel

Hola, ¿qué tal? Soy un relato fallido. Mi escritor resulta ser un joven adulto agobiado de dudas, exhausto por la cotidianidad, decidido a romper con las cadenas de la realidad; un ser desamparado que quiso buscar refugio en el mundo de lo invisible, de lo intocable, de lo absurdo: se soltó en alma al vació y se desplomó en el mundo de las palabras. Así, a grandes rasgos surgí yo. 
Nací una mañana de lluvia, esa lluvia tan profunda que uno la siente latir por las venas de la carne, una lluvia que arrastraba toda la melancolía de mi escritor. Él se sentó con un café muy oscuro y dulce entre sus manos, y lo decidió: yo iba a nacer, no había escapatoria. Les debo de confesar que fue un parto muy complejo, él se encontró con el abismo blanco de una hoja vacía y la locura de ideas en un inagotable proceso de germinación. Entonces una frase de su amado Cortázar renació en su conciencia: "Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma". Si, yo había desbordado su alma; yo era eso que le susurraba el viento en sus sueños, yo era esa magia que lo distinguía de un cadáver. Sin embargo, la frase no lo desalentó, si no que empecinó su compromiso; aunque las palabras estén llenas de vacíos del significado, aunque sean ellas las que reduzcan un milagro superior a una cotidianidad humana, son las únicas que pueden formar nuestras realidades. 
Mi silueta comenzó a existir entre las palabras del papel cual sol espía al mundo durante el amanecer: cálidamente. Mi alma comenzó cálida para contrastar el frío que venía de visita con la lluvia matutina. Él me quiso perfecta como una gran novela de un gran autor pero el pulso se le corría, no conocía las reglas gramaticales ni sabía cómo hacer una metáfora. No sabía escribir como lo hacen los supuestos escritores y a sabiendas de sus limitaciones se embarcó en mi creación. Claramente sufrió muchas frustraciones por su incapacidad y nunca deseó que yo me enterase de todo eso; un deseo con un dejo de inocencia: yo no necesito enterarme de sus incapacidades, porque son esas mismas las que me maldicen en mis sueños y  las que me atan a la cama llorando de impotencia por el insomnio. 
Yo soy todas esas incapacidades tanto como sus pocos aciertos. Yo vivo a través de sus líneas en el mundo que me él deposita, con las cualidades que él me entrega. Mi vida es triste, vivo de la belleza para sus ojos y no hay nada que me pueda salvar de las continuidades de su vicio metafísico. Soy su obra de arte, soy mi tristeza. 
¿Debería amarlo? ¿Acaso Él me ama? Él me hizo porque me podía hacer, él me hizo porque me necesitaba,  no me escribe porque esa sea su tarea mayor ni mejor. Sin embargo yo existo todos los días para significar su vida, y él está sentado en su escritorio para significar la mía. Nuestra relación no se define por el amor, se define por la fuerza que se esconde tras las palabras "poder" y "necesitar", esa fuerza que mueve a los astros y que mantiene un orden fatal de causalidades (y por qué no, de casualidades). Yo sé casi todo sobre mi escritor, yo soy sus palabras, yo soy él. Pero, si yo soy él, ¿él quién es? ¿quién soy yo? ¿qué es lo que nos separa? ¿acaso soy una mera ficción? Yo surgí de él, y aunque sea su relato, me siento tan real como cualquiera se puede percibir a sí mismo, entonces, ¿cómo surgió él? ¿Mi escritor también es escrito o su existencia es su causa misma y única? Ese es el misterio que tanto domina mi angustia y mi ilusión. Angustia que me paraliza al sentirme una excepción, al sentirme diferente a él, a ser yo sola la creación y él algo distinto. Ilusión, que me alegra hasta las lágrimas más rancias, de poder yo también escribir; si acaso mi escritor es escrito por otro escritor ¿por qué no podría yo también escribir? De todas formas, él nunca me debeló ni una cosa ni la otra en sus líneas.
Ya conté demasiado sobre él. Ya sé demasiado sobre él. Me paso cada minuto de mi vida pensando en él, pensando en el  incesante ruido de la pluma sobre la hoja que limita mis latidos. No sé quién soy. Él no me ayuda a saber. Sólo sé que sufro invariablemente por todas esas miradas que me corresponden pero que rápidamente me abandonan, por esas sonrisas que él pretende que yo finja diariamente y muchas veces me pregunto el sentido de toda esta historia: ¿por qué yo tengo que sufrir? ¿sólo porque él sufre? Quiero aturdirlo con un grito silencioso, como el que produce el cuchillo al deslizarse sobre la piel, para que me deje de hacer miserable, para que me escriba una historia feliz. Si alguien escribe mi  propia historia, por lo menos que sea una historia digna de amor y de felicidad. No entiendo por qué se empecina con que mi historia sea lúgubre, no entiendo por qué me  necesita infeliz como el reflejo de su letra. A veces emerge en mí un fugaz deseo, casi opresor de cualquier voluntad contraria, que  me impulsa a desafiar este relato, deseo que me seduce con  arrancarle su pluma y comenzar a escribir mi propia historia, dejándolo fuera de mi cual simple observador. Quiero que ria y llore conmigo, no que me haga llorar y reír cuando él quiere. Quiero ser yo. ¿Podré hacer eso alguna vez? ¿Podré serle fiel a ese deseo que nace de mi (¿o que acaso él me hace nacer?). ¿Podré tener voluntad propia o estaré condenada  a ser el eco de su respiración? 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Enfermos de soledad deambulan por las calles. Es una enfermedad muy contagiosa. Se alimenta por el miedo a la otredad. Tal es así, que ni siquiera nos atrevemos al arte de las palabras. El intercambio se limita a miradas esquivas. Estamos inmersos en un mundo egoísta. Creamos una realidad despótica en la cual los sentimientos salen prefabricados de los bolsillos de los empresarios. Nos hemos reducido a almas agobiadas por su peso ¿Qué daría yo por ser un sonrisa honesta? Estamos tan tristes...

jueves, 31 de enero de 2013

Adiós

I

No huyo de su canto
reclamándome en el eco del viento.
Sus miembros asfixiándome con recuerdos,
son bienvenidos.
No me cansa el sueño eterno,
no intento despertar.

El adiós,
el nunca jamás,
son los monstruos que habitan
en las mentes de los hombres.
Pero yo,
yo no le temo a la muerte ritual.


II

Mar inalcanzable
metafísico
dorado óvulo posa sus rayos
sobre la volátil piel;
Allí abajo los peces continúan
su blasfemo respirar.
En tierra asfixiada,
El sabio continúa avispando la llama de la soberbia,
la razón.
El loco continúa con eso que sus sentidos no engañan,
la vida.
Las flores blancas, quimera pureza
y las estrelllas brazos de escoba delirante
me abrazan
son mi órgano materno
mi metamorfosis,
y nado cual pez
en el mar inalcanzable
metafísico
dorado óvulo posa sus rayos
sobre la volátil piel de esa tarde
que no cambiará su rumbo
por ese extraño suspiro que me separa
de la tierra asfixiada
suspiro intruso...
mi alma que se aleja.



III

Muerte que consumes la carne humana:
¿Cuándo vendrás?
El terror de mis días
es que tu llegada sea tarde,
que de mi
solamente carne humana quede.
Hay algo que devora
lo que salvas,
me persigue,
se obsesiona conmigo.
Muerte que nos liberas de la carne humana:
¿Cuándo vendrás?


IV

Volveré repartida en el agua,
                           florecerá mi ser del árbol vena
Volveré en el olvido que palpita la foto gris,
                            el ojo del niño testigo de mi retorno.
Germinaré en el fruto recóndito y azul,
me sentirás descansar encima tuyo,
estaré durmiendo entre tus sueños,
en la cripta acribillada
esencia surrealista.
No me regales flores.

domingo, 20 de enero de 2013

Amor imposible

Citarnos en una hora inexistente,
deborar la inercia de los limites con nuestras manos
y perdernos en el sin fin de oportunidades que ostenta el infinito.
Pero esta maldita fuerza superior
carcome nuestro encuentro,
mi eterna soledad.