viernes, 4 de enero de 2013

Diario de una salida

Arranqué mi mirada del libro, dejé el vaso en la mesa, acaricié mis labios con la lengua de la misma forma que mis ojos comenzaron a acariciar el afuera. Estaba en esos grandes monstruos que nos digieren lentamente en sus entrañas consumistas. Estaba en un café en el shopping; el eterno mal de lationamerica, en realidad, el eterno signo del mal de latinoamerica (¡uy me quedó demasiado larga la expresión, no se ofenda lector, continúe!). Me di cuenta de algo que ya sabía pero esta vez lo experimenté y fue chocante, absurdo y penetrador (las palabras de Hume se dibujan en mi mente y esta las rechaza, que irónico, pobrecito Hume) Veía en todos a alguien. Primero vi a mi mamá en una chica joven que caminaba concentrada en su camino sin desviar su atención de ese algo que parecía dominarla en el empeño del comprar. Después vi a Mili en otra chica aún más joven sentada en una mesa a sólo unos pasos de mi. Y  vi muchos a más que no me acuerdo ahora, ni me acordé en ese momento (ya sé, ya sé, estoy siendo un poco confusa, ahora lo explico). A las únicas que reconocí fueron a mi mamá y a Mili,  a las demás personas conocidas que vi en personas desconocidas, no las reconocí. Sentí la soledad más hiriente penetrar mis nervios, tenía unas ganas tremendas de salir corriendo y abrazar a las personas desconocidas que reconocía. Y éstas hubieran fruncido el ceño (jamás una sonrisa): "¿quién es esta loca? ¡Auxilio, alguien que me ayude, esta persona me ataca!  ¡Alejáte!" 
Estaban tan vacíos como las mercaderías que compraban, yo sólo quise imaginar que eran humanos. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Cómo me gustaría soplar mi alma tan lejos, tan afuera de mí...Ella sería tan feliz revoloteando en esas nubes de tormenta de verano

Realmente pobres

¡Pobres palabras! 

Todo significan, todo son. 

Definen  las cosas, expresan  las cosas.

Pero pobres palabras, 
                               nada las significan, 
                               nada son, 
                               las cosas no las definen,
                               las cosas no las expresan...
                                                                         Pobres palabras...

Tiempo

Ella caminaba a la par de la luna, contando los días que pasará en el eterno goce del ayer. Los astros la iluminan en su travesía de incógnita; porque nadie es, ni nada conoce, sólo piensa en el tiempo. Lo ha acariciado, lo ha sentido recorrer sus deseos...

lunes, 3 de diciembre de 2012

El alma que sufrió de ser su cuerpo


Tú sufres de una glándula endocrínica, se ve,
o, quizá,
sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita.
Tú padeces del diáfano antropoide, allá, cerca,
donde está la tiniebla tenebrosa.
Tú das vuelta al sol, agarrándote el alma,
extendiendo tus juanes corporales
y ajustándote el cuello; eso se ve.
Tú sabes lo que te duele,
lo que te salta al anca,
lo que baja por ti con soga al suelo.
Tú, pobre hombre, vives; no lo niegues,
si mueres; no lo niegues,
si mueres de tu edad ¡ay! y de tu época.
Y, aunque llores, bebes,
y, aunque sangres, alimentas a tu híbrido colmillo,
a tu vela tristona y a tus partes.
Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente,
desgraciado mono,
jovencito de Darwin,
alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio.
Y tú lo sabes a tal punto,
que lo ignoras, soltándote a llorar.
Tú, luego, has nacido; eso
también se ve de lejos, infeliz y cállate,
y soportas la calle que te dio la suerte
y a tu ombligo interrogas: ¿dónde? ¿cómo?

Amigo mío, estás completamente, .
hasta el pelo, en el año treinta y ocho,
nicolás o santiago, tal o cual,
estés contigo o con tu aborto o conmigo
y cautivo en tu enorme libertad,
arrastrado por tu hércules autónomo...
Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos,
es peor; no lo niegues, hermanito.

¿Que nó? ¿Que sí, pero que nó?
¡Pobre mono!... ¡Dame la pata!... No. La mano, he dicho.

¡Salud! ¡Y sufre!


Poema de Cesar Vallejo

lunes, 26 de noviembre de 2012

Palabras


Ellas son como una flor marchita emergiendo del pecho,
como un niño muerto jugando con las estrellas.
Ellas le arrebatan el significado
 a eso que sucede entre el cielo y mis ojos.
Ellas son peor que Dios y el pecado:
son el vómito del azar estructurado.

Se sienten como una plaga de algo desconocido
que ahoga,
que extirpa al ser,
recorriendo la garganta como fantasmas y pariéndose por la voz.

Sin embargo hay una escapatoria a ellas,
asesinas dogmáticas de la esencia de la esencia…

Yo soy,
yo resisto aún
en ese misterio suicida,
en esa duda impenetrable,
en ese inmenso mar que habita en mi,
que jamás violaré con mis poemas
porque las palabras nunca lo podrán humanizar. 

domingo, 28 de octubre de 2012

¿Qué ha de importarle al universo una lágrima vertida en un hombro? Durante el atardecer todo es más bello, más melancólico. Sabemos que una parte de nosotros no regresará, sabemos que con él muere una parte de nosotros que ansiamos enterrar.